Miseria de sentimientos
Completamente paralizada al tope de un edificio, de una altura impresionante. Enfocando mi mirada hacia el desbordante abismo de la soledad, con lágrimas rodando por un rostro consumido por la decepción y la eterna tristeza. Estaba yo y mi alma en una ésfera contrariada por la magnitud de mi oscuridad. Y es cuando finalmente me di cuenta que era lo que se encontraba detro de mi, dentro de mi corazón. Un espíritu rebosante en desesperación y atrapado y reprimido por mi mente. Un demonio, una criatura que deseaba salir, ser liberada y lanzarse hacia ese abismo maldito para así perderse en el infierno de la auténtica caída hacia la destrucción. Mis puños parecieron cerrarse cada vez más con una fuerza mayor y mis ojos fijarse más en mi propia vida, más en mis pensamientos, mi mociones, mis criterios. En contraste, mi mente tendría otra distinta perspectiva, era aquella intuición que me detenía. Estoy totalmente segura que no hubiera querido quedarme y observar mi espíritu decaer. Pues era parte de mi y pense que mi lugar estaba a su lado. El ambiente a mi alrededor contribuía con mi deseo de vivir. Aquélla brisa haciendo que mi negro cabello voláse de una manera singular, la cuál me haria sentir enamorada de aquél lugar. Aquél viento soplando en mi rostro empapado por lágrimas infinitas haría que me sienta realmente conciente de que yo era la luz que estaba apunto de apagarse, en ese momento, en esa circunstancia, en ese tiempo, en ese lugar. El resplandor del sol golpeándo mi cara de una forma indescriptible logrando que mis ojos se cerrarán por la intensa luz del sol. Ese cálido abrazo que me brindaba, esa energía que me acojía. El sonido de los árboles al moverse por el dicho viento, el cantar de los pájaros y el sonido del tráfico en las calles realizado por los aútomoviles que se encontraban por debajo de mi. Era capaz de ver el horizonte, capaz de sentirlo, me quebraba al ver que él no se encontraba a mi lado, me habia abandonado, como aquella madre que deja a su hijo desauciado, asi me sentía, sola en un mundo extremedamente grande. Abandonada por aquél ser que nunca me hubiera imaginado que lo llegase a hacer. La magnitud de nuestro amor era sumamente notoria que la propabilidad que lo hiciese era mínima por no decir incierta, al menos eso creía yo. Aquellas memorias volvían a mi cabeza, esos momentos en los cuales nos hallabamos los dos en medio del mundo dispuestos a mostrarnos ese amor. Parecía un ser inerte allá arriba, solamente parada sin realizar algún tipo de movimiento. Sentía mi derrota pero me fascinaba, me alimentaba de ella y mis puños se apretaban de tal fuerza que el pánico me invadiría. Estoy segura que mi único deseo en aquél momento hubiese sido quedarme en ese paraje para toda mi existencia. La incertidumbre, la indecisión me enloquecían hasta tal punto que colapsaría y podría cometer un error que luego me arrepentiría. Finalmente el viento me atrajo y me llevó con él. Una puerta detrás mio se abrió y era él. Él del que tanto lloraba, él mi razon, mi alma, mi vida. Se hallaba justamente ahi, con una terrible expresión en el rostro como si estuviera viendo al mismo demonio. Yo sé que hubiera podido notar su corazón latir por la rapidez que lo hacía. Apresuradamente se acercó al borde del dicho edificio, se destruyó, se quebró y sin pensarlo dos veces se lanzó hacia el eterno abismo. Con una súbdita mirada, con un corazón partido porque no pudo decirle a la mujer que amaba cuanto la quería. Esa mujer era yo. Yo que ahora puedo decir que allá arriba no hay absolutamente nadie, ni un ser, ni un animal, solo dos almas que se amaron secretamente, que dieron sus vidas la una por la otra, pero lamentablemente eso yo no lo sabía, que no hubiera dado por verlo una última vez, que no hubiera dado por haber permanecido ahi, inmóvil, durante unos tantos segundos más. En el preciso momento de su entrada al edificio, mi corazón venció a mi razón y lanzó mi cuerpo hacia la muerte infinita, hacia la desdicha única, sin saber que él también se encontraba ahi conmigo. Me suicidé, me quite la vida, el alma y desafortunadamente el espíritu. Perdí mi corazón. Y por la culpa de él mi vida desvaneció. Que ironía... Ahora nuestras almas siguen ahí, atrapadas y lo seguirán hasta que no cometa el mismo error una y otra vez...